
El 20 de noviembre conmemoramos los 34 años desde la firma de la Convención sobre los Derechos del Niño, ocurrida en 1989 durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, Estados Unidos. Esta convención, compuesta por 54 artículos, detalla todos nuestros derechos como niños, niñas y adolescentes, y ha sido ratificada por 190 países, con la excepción de Estados Unidos.
Paraguay se sumó a la ratificación en 1990, convirtiéndose en el primer tratado vinculante a nivel nacional e internacional que abarca derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales para nosotros, los niños, niñas y adolescentes, independientemente de nuestra cultura, apariencia física o lugar de origen.
¿Por qué se creó la convención?
La creación de la convención fue impulsada por la necesidad de garantizar derechos que, en el pasado, nos eran negados, como el trabajo digno, la educación, la salud, la participación y la alimentación. Antes éramos más vulnerables a abusos, violencias, discriminación y explotación a nivel mundial.
Al conmemorar estos 34 años, recordamos también a aquellos niños, niñas y adolescentes que, debido a la falta de sus derechos, perdieron la vida trabajando en condiciones explotadoras o fueron víctimas de abusos en las calles mientras solo buscaban jugar. Aunque la convención existe, aún enfrentamos explotación, abusos y violencia.
A pesar de la firma de la convención por parte de Paraguay, la realidad es que nuestros derechos no se cumplen completamente. La educación a menudo se ve afectada por la falta de infraestructura en escuelas ( hay escuelas que se caen), y la escasez de materiales de calidad (no nos alcanza los útiles y ni son de calidad). Los hospitales carecen de medicamentos, y la atención médica es insuficiente y tardía.
El Estado no garantiza un entorno laboral seguro y protegido de toda explotación; también carecemos de un salario fijo. La mayoría de las escuelas no ofrecen almuerzo escolar ni merienda de calidad. La distribución de estos alimentos a menudo no es equitativa, y la falta de seguridad en las calles nos impide disfrutar de espacios públicos.
En los asentamientos, vivimos con el temor de desalojos injustos, muchos respaldados por títulos falsos, y la falta de participación protagónica en nuestras escuelas y otros espacios nos deja sin voz en decisiones que nos afectan directamente.
Estas situaciones nos indican que nuestros derechos como niños, niñas y adolescentes en Paraguay no se cumplen como deberían. Por eso, pedimos una educación de calidad, trabajo digno, mayor participación activa en nuestros entornos y la garantía de un espacio seguro y estable donde podamos jugar sin temor.
Articulo elaborado por David F. Equipo de Comunicación CONNATs.